Capítulo 2:
Utopía
Sinceramente yo también estaría harto. La
monotonía nunca es propia de los genios o de las personas creativas. Y que te
cuento, la ciudad que había creado Pochteca era simple y sencilla, era perfecta
ante la sociedad. Estaba llena de reglas y normas sociales que eran regidas por
el líder narcotráfico más amable y extraño que pudo haber tenido la historia
del narcotráfico en México. De vez en cuando, a los habitantes de Pochteca, se
les olvidaba porque eran tan sumisos y tan tranquilos y organizaban revueltas o
fiestas “alocadas”. Entonces, el señor Carrillo Fuentes, demostraba porque era
él mandamás del narcotráfico. No tenía piedad. Eso sí, con la amabilidad ante todo.
Y ni se diga de la diplomacia. Generalmente, entraba con hombres armados y con
papel en mano, recitaba las cláusulas que, firmadas por la propia persona,
debía seguir. De no ser así, y siempre siguiendo las clausulas, la persona
seria expulsada. “¿Ser expulsado? ¿Es lo peor que le puede ocurrir a quien
desobedece las leyes? Bah, en todo caso podría volver a entrar, ¿no?” pensaría
cualquiera. Bueno, no cualquiera. Cualquiera que no conociera de la “utopía”
que tenía el señor Carrillo Fuentes y, que además, no le importara su vida o la
vida de sus seres queridos. Si, esa clase de “cualquiera” sería el que pensaría
esas cosas. Pasa a resultar que vivir en Pochteca era, de hecho, un privilegio
que solo unos cuantos podían tener. ¿Por qué? Te preguntaras. Bueno, pues
porque siendo el “presidente municipal”, el señor Carrillo Fuentes, era el
encargado tanto de la economía, como de la seguridad ahí. Es decir, tú podrías
transitar muy tranquilamente a las 2 o 3 de la mañana con tu rolex en mano en
un Ferrari y nadie nunca te haría daño o robaría. Esto, obviamente suponiendo
que tienes la forma TR115-N00 que indica que “…podrá transitar tranquilamente
en un horario de 11pm a 5am en cualquier vehículo y usando cualquier
vestimenta*…”… y obviamente suponiendo que tienes un rolex… o un Ferrari. En
fin, en Pochteca tú eres “libre” y es así, entre comillas. Las ideologías del
señor Carrillo Fuentes estaban firmemente basadas en un libro escrito por un
mexicano. El titulo era “Mil y un maneras de mejorar al país”. En ese título se
trataban toda clase de puntos y aspectos imaginables para dirigir una nación.
El señor Carrillo Fuentes se entusiasmó tanto con esa idea, que quiso comenzar
a ser gobernador, pero como el mismo título lo estipulaba “Manera número 23:
Empieza desde lo pequeño.”, así que comenzó con un pequeño pueblo. De manera
que, Pochteca, era un lugar deseable en cual vivir. Era el lugar más
desarrollado, estable, tranquilo y pacífico de todo México. Y todo era siempre,
bajo la ley de la constitución mexicana. Realmente no se violaba ninguna clase
de ley del país. Al firmar el contrato en todo trabajo, es casi casi como si
cedieras tu alma a la empresa. Bueno, en Pochteca S.A. de C.V. no era
diferente, solo que las normas ahí eran un poco más… más específicas. Y sus
habitantes, ¡vaya! Simplemente carismáticos. Siempre comprensibles y
respetuosos en todo y con todos. “¿te has perdido? No te preocupes, sígueme, yo
te llevo”, “¿Cómo dice vecino? ¿Un fuerte dolor de espalda? Mire, le prestare
esta máquina que lo dejara como nuevo en un santiamén. Ni recordara de lo que
sufría y para mañana estará como nunca. Ya lo vera.”, “No, no, no, no, de
ninguna manera. Permítame ser yo quien pague la cuenta. Usted ya hizo mucho al
invitarme a desayunar.”… eran realmente molestos. La ciudad Pochteca, no era
muy diferente a las demás ciudades. Tenía sus clubes nocturnos, sus
restaurantes, cines, parques, avenidas, calles, centros de reunión social y,
bueno, todo ese tipo de cosas. ¿Qué se necesitaba para entrar a esos lugares?
Fácil, la forma correspondiente con el lugar. ¿Ya les había platicado de las
formas? ¿No? Bueno, resulta que tenían una forma bastante sencilla de
identificarlas. Las primeras letras indicaban la acción que se realizaría. Los
números indicaban el horario, un guion para separar los parámetros y… listo.
Los parámetros estaban estipulados por los funcionarios del gobierno de
Pochteca y solo ellos conocían todos y cada uno de los parámetros. Aunque, los
habitantes del pueblo ya se habían dado cuenta de uno que otro. Por ejemplo,
para poner que no existen restricciones con la forma y/o su uso, se usaba un
N000. Y para hacer referencia que solo se podía usar una vez, se usaba M111.
Pero volvamos a la pregunta inicial, “¿Por qué ser expulsado era lo peor que le
podría pasar a un habitante de Pochteca?” Bueno, resulta que... vaya, no puedo
describirlo. Lo que mejor podría describirlo, sería la situación que ocurrió al
día siguiente del ascenso de Jonathan.
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