jueves, 29 de septiembre de 2016

Una meta cumplida: Introducción



Introducción
Acerca del texto
Originalmente la historia tenía como nombre “Principal” ya que era el único nombre que se me había ocurrido. Fue publicada el 8 de agosto del 2016, pero fue escrita el 12 de febrero del 2015, a las 4:19pm. La introducción que le di en la primera publicación, fue la siguiente:
Esta historia la escribí un poco pensando en la película de Harvey, de 1950, que trata de un hombre bastante carismático, con la peculiaridad de que ve a un conejo blanco gigante. Excelente película, que se puede encontrar en internet fácilmente. Antes estaba en netflix pero fuck you, porque ya no. También, en la parte inicial, la escribí pensando en las escenas iniciales de una película española llamada La habitación de Fermat, escenas en las que se muestra a un joven en un parque, haciendo un pequeño truco de matemáticas. La historia, del capítulo dos, menciono un paso de desnivel, y debo decir que ni siquiera ahora estoy seguro de como se llame realmente. Es un puente para autos, ok? Sin embargo, la escena se ve en las columnas de ese puente, específicamente, en las columnas del puente ubicado en la estación Plutarco de la ecovia, encontrado sobre la avenida Lincoln. Como último dato, debo mencionar que esta es de esas historias largas que estarán relacionadas con alguna otra historia del futuro, y que conforme agregue contenido a esta historia, ese contenido será agregado a esta entrada.
Esas últimas palabras han sido borradas pero no del todo, ya que es cierto que la historia está entre lazada con otras, pero no serán escritas en esta entrada, como se tenía pensando originalmente.

Acerca de la historia
Esta historia contaba a través de diálogos, habla de un joven de alto intelecto que se encuentra con un grave problema: haber resuelto su vida, a tan corta edad. Dicho problema, trata de resolver con diferentes situaciones (generalmente vanales) que piensa él, le podrían dar una meta a corto a plazo. El conflicto de este joven, se vuelve mayor al darse cuenta de que sus metas a corto plazo no son fijadas por él mismo, sino que son sugerencias de la locura que posee y que sin darse cuenta, le carcome cada día más.

martes, 27 de septiembre de 2016

Pochteca: Capitulo 2



Capítulo 2: Utopía
Sinceramente yo también estaría harto. La monotonía nunca es propia de los genios o de las personas creativas. Y que te cuento, la ciudad que había creado Pochteca era simple y sencilla, era perfecta ante la sociedad. Estaba llena de reglas y normas sociales que eran regidas por el líder narcotráfico más amable y extraño que pudo haber tenido la historia del narcotráfico en México. De vez en cuando, a los habitantes de Pochteca, se les olvidaba porque eran tan sumisos y tan tranquilos y organizaban revueltas o fiestas “alocadas”. Entonces, el señor Carrillo Fuentes, demostraba porque era él mandamás del narcotráfico. No tenía piedad. Eso sí, con la amabilidad ante todo. Y ni se diga de la diplomacia. Generalmente, entraba con hombres armados y con papel en mano, recitaba las cláusulas que, firmadas por la propia persona, debía seguir. De no ser así, y siempre siguiendo las clausulas, la persona seria expulsada. “¿Ser expulsado? ¿Es lo peor que le puede ocurrir a quien desobedece las leyes? Bah, en todo caso podría volver a entrar, ¿no?” pensaría cualquiera. Bueno, no cualquiera. Cualquiera que no conociera de la “utopía” que tenía el señor Carrillo Fuentes y, que además, no le importara su vida o la vida de sus seres queridos. Si, esa clase de “cualquiera” sería el que pensaría esas cosas. Pasa a resultar que vivir en Pochteca era, de hecho, un privilegio que solo unos cuantos podían tener. ¿Por qué? Te preguntaras. Bueno, pues porque siendo el “presidente municipal”, el señor Carrillo Fuentes, era el encargado tanto de la economía, como de la seguridad ahí. Es decir, tú podrías transitar muy tranquilamente a las 2 o 3 de la mañana con tu rolex en mano en un Ferrari y nadie nunca te haría daño o robaría. Esto, obviamente suponiendo que tienes la forma TR115-N00 que indica que “…podrá transitar tranquilamente en un horario de 11pm a 5am en cualquier vehículo y usando cualquier vestimenta*…”… y obviamente suponiendo que tienes un rolex… o un Ferrari. En fin, en Pochteca tú eres “libre” y es así, entre comillas. Las ideologías del señor Carrillo Fuentes estaban firmemente basadas en un libro escrito por un mexicano. El titulo era “Mil y un maneras de mejorar al país”. En ese título se trataban toda clase de puntos y aspectos imaginables para dirigir una nación. El señor Carrillo Fuentes se entusiasmó tanto con esa idea, que quiso comenzar a ser gobernador, pero como el mismo título lo estipulaba “Manera número 23: Empieza desde lo pequeño.”, así que comenzó con un pequeño pueblo. De manera que, Pochteca, era un lugar deseable en cual vivir. Era el lugar más desarrollado, estable, tranquilo y pacífico de todo México. Y todo era siempre, bajo la ley de la constitución mexicana. Realmente no se violaba ninguna clase de ley del país. Al firmar el contrato en todo trabajo, es casi casi como si cedieras tu alma a la empresa. Bueno, en Pochteca S.A. de C.V. no era diferente, solo que las normas ahí eran un poco más… más específicas. Y sus habitantes, ¡vaya! Simplemente carismáticos. Siempre comprensibles y respetuosos en todo y con todos. “¿te has perdido? No te preocupes, sígueme, yo te llevo”, “¿Cómo dice vecino? ¿Un fuerte dolor de espalda? Mire, le prestare esta máquina que lo dejara como nuevo en un santiamén. Ni recordara de lo que sufría y para mañana estará como nunca. Ya lo vera.”, “No, no, no, no, de ninguna manera. Permítame ser yo quien pague la cuenta. Usted ya hizo mucho al invitarme a desayunar.”… eran realmente molestos. La ciudad Pochteca, no era muy diferente a las demás ciudades. Tenía sus clubes nocturnos, sus restaurantes, cines, parques, avenidas, calles, centros de reunión social y, bueno, todo ese tipo de cosas. ¿Qué se necesitaba para entrar a esos lugares? Fácil, la forma correspondiente con el lugar. ¿Ya les había platicado de las formas? ¿No? Bueno, resulta que tenían una forma bastante sencilla de identificarlas. Las primeras letras indicaban la acción que se realizaría. Los números indicaban el horario, un guion para separar los parámetros y… listo. Los parámetros estaban estipulados por los funcionarios del gobierno de Pochteca y solo ellos conocían todos y cada uno de los parámetros. Aunque, los habitantes del pueblo ya se habían dado cuenta de uno que otro. Por ejemplo, para poner que no existen restricciones con la forma y/o su uso, se usaba un N000. Y para hacer referencia que solo se podía usar una vez, se usaba M111. Pero volvamos a la pregunta inicial, “¿Por qué ser expulsado era lo peor que le podría pasar a un habitante de Pochteca?” Bueno, resulta que... vaya, no puedo describirlo. Lo que mejor podría describirlo, sería la situación que ocurrió al día siguiente del ascenso de Jonathan.

viernes, 23 de septiembre de 2016

Pochteca: Capitulo 1




Capítulo 1: Ascenso
Jonathan salía de su casa después de saborear un exquisito café y pan dulce como desayuno. Eran las 8am cuando salió de su casa y miró al cielo, aún estaba oscuro. “Hoy será un buen día” dijo, “hoy viajare en metro” se propuso. Dicho y hecho, el joven enérgico y lleno de vida, camino a la estación del metro que no le quedaba más que a cuatro minutos de su hogar. Al llegar a la estación del metro, compro dos boletos. “Uno de ida y uno de regreso”, pensó. Le tomo al metro 30 minutos en llegar a la estación de su trabajo, sin embargo, no fue tiempo desperdiciado. Jonathan aprovecho el tiempo para escuchar su canción favorita, leer el periódico, ceder su lugar a una anciana y mirar por la ventana como el sol iba saliendo poco a poco. Al llegar a su estación, bajo las escaleras y encontró una moneda que tenia de antigüedad 80 años. “¿Cuántas historias podría contarme esta moneda…” se preguntaba a sí mismo. Después tomo un taxi en donde tuvo una charla muy amena con el conductor, quien se atrevió a iniciar una conversación con el joven.
-Hoy parece un buen día, ¿no lo cree?
-Pues, la verdad es que sí. El clima esta increíblemente cálido, más no caluroso. Y sabe, hoy encontré una moneda que tiene ya 80 años de antigüedad. Es increíble las historias que contaría si pudiera hablar ¿no lo cree?
El conductor solamente asentía con la cabeza.
-Además, no es por alardear ni nada de eso, pero hoy me darán el ascenso que tanto tiempo espere. Tenía 2 años trabajando en el mismo puesto y ayer por fin me confirmaron la noticia. Hoy seré el gerente de producción y manufactura de Pochteca. ¿Cómo la ve?
-Pues estoy muy contento por su logro, espero que este día pueda disfrutarlo en compañía de sus seres queridos. Mis más sinceros deseos de alegría tenga usted.
-Si… gracias.
Jonathan se limitó a dar esa respuesta, suspirar profundamente y mirar por la ventana.
En el trabajo, saludo a sus compañeros como era costumbre, y todo aquel que conocía lo que acontecería ese día, lo felicitó. Más tarde salió a comer con sus compañeros, en donde no se limitaron al mostrar lo orgullosos que estaban de él. Jonathan había sido citado a las 3:45pm en el despacho del director general de Pochteca. Todo iba de acuerdo al plan. En tan solo una firma de parte del director general, Jonathan era ya el gerente de producción y manufactura de una de las más grandes empresas en la historia de México. Y por supuesto, el director general le dio el resto del día libre para que celebrara como se lo merecía. Jonathan no iba a desaprovechar la oportunidad. Llamo a sus más íntimos amigos y los cito a las 7 de la noche en la casa de uno de ellos. Fue por su maletín y al salir de su trabajo, miro el cielo. Sonrió. Fue a donde rentan bicicletas. Rento una, y pedaleo hasta su hogar. “Pero… ¿Por qué detenerme aquí?” se preguntó. Decidido, Jonathan dio media vuelta y se dirigió al parque más cercano. Pedaleo por aquí, pedaleo por allá. Pensaba en el increíble día que estaba teniendo, y al mismo tiempo se alegraba al saber que el día siguiente sería mejor. Ya cansado de pedalear, regreso a su hogar y tomo un baño. Se arregló como es debido cuando vas a una reunión. Y a las 7 de la noche, ahí estaban todos. Karla y Celeste prepararon “las mejores hamburguesas que pudieron haber sido cocinadas” según Sergio. Jugaron cartas y otros juegos de mesa típicos. No falto mucho para que Carlos decidiera desempolvar su karaoke y recitar su ya tan conocida rutina de canciones y chistes. Sus amigos reían y lo apoyaban en los coros de las canciones conocidas. Jonathan, vio a un amigo que no había visto en mucho tiempo, y toda la noche tuvo ganas de hablar con él y revivir “viejos recuerdos” pero no había encontrado oportunidad para tener una plática tan personal. Mientras Carlos cantaba, Jonathan vio la oportunidad de hablar con Ricardo.
-¡Hey, Ricardo! ¿Cómo has estado? ¿Qué ha sido de tu vida? Vaya, mucho sin verte amigo.
Ricardo lo ignoro con una sonrisa un poco forzada y seguía aplaudiendo a Carlos.
-¿Ricardo? Te estoy hablando, ¿Cómo has estado?
Regina, la dueña de la casa, al ver la situación se dirigió a Jonathan.
-Jonathan, Ricardo no sabía que estaría aquí. Lo invitamos al último momento. No pidió petición… lo siento.
-Ya veo… no te preocupes, todo está bien.
Disfrutaron el resto de la noche y poco a poco se despedían el uno del otro. Jonathan les daba las gracias a sus amigos conforme estos iban saliendo de la reunión. Regina y Jonathan se quedaron limpiando lo que había sido “una noche increíble” según Carlos, quien estaba feliz por su actuación en el karaeoke. Habiendo terminado, se despidieron y Jonathan tomo un taxi a su casa.
En su casa tenía todo listo para dormir con la tranquilidad de que a la mañana siguiente no se preocuparía por buscar su maletín, o por no saber que ropa usaría o que desayunaría. Eran pasadas las 11 de la noche cuando la mama de Jonathan llamo.
-¿Hola? ¿Hijo?
-¡Hola, mama!
-Hijo ¿Ya estabas dormido? Siento llamar tan tarde pero hasta ahora paso la llamada ¿Cómo has estado?
-¡Muy bien mama! No te preocupes por la hora, aun tenia cosas que hacer ¡Qué bueno que llamaste! ¡Hace mucho que no escuchaba tu voz!
-Pues ya ves que políticas tan raras tiene la empresa y la verdad es muy tedioso hacer todo ese proceso, además de que siempre me termina confundiendo más de lo que es. Pero en fin, cuéntame ¿Qué ha sido de tu vida?
-¡Oh, mama! Me va esplendido. Hoy me ascendieron de puesto, así que ahora soy gerente de producción y manufactura de Pochteca, ¿Qué tal?
-¡Ay hijo! No sé por qué me cuentas eso… sabes lo que opino de esa empresa.
-Si mama, lo sé. Lo siento, era solo la emoción. Pero en fin, ¿cómo estás tú? ¿Cómo están mis hermanos?
-Eso será un tema que trataremos después, por ahora quiero que me digas cuando vendrás a la casa.
-Hmm bueno, yo, realmente no lo sé, y menos ahora que obtuve el ascenso… podría ser en un par de semanas o meses. No lo sé realmente pero procurare que sea lo más pronto posible.
-De acuerdo, hijo. Te estaré esperando. Ya es muy tarde, debo colgar.
-Está bien, mama. Te quie…
No termino la frase gracias a la interrupción de ese molesto sonido cuando termina la llamada. Jonathan dio un suspiro y se sentó en la cocina. Se quedó sentado hasta la media noche, contemplando la nada y preguntándose “¿Por qué...?”.
Jonathan no entendía porque sentía lo que sentía, ni mucho menos entendía porque creía que no era suyo aquello que sentía en ese momento. Como si solo sintiera empatía por alguien más. Sin embargo, aquello que sentía estaba en su mente, en su corazón, pero ¿entonces porque sentía que no era él quien sentía eso? Dentro de su mente, había una exposición de sentimientos y groserías que solo él era capaz de crear e imaginar. Estaba molesto, triste, enojado, furioso, lleno de deseos y esperanzas, sentía que el mundo debía ser suyo o de lo contrario moriría lentamente en manos del tan despreciable “padre tiempo”. Todas las ideas que rondaban en su cabeza tenían que ser ejecutadas o explotaría en un infinito grito. Pero no podía. Ya había terminado su día. Se limitó a una lágrima y a suspirar profundamente. Miro la puerta donde guardaba sus artículos de limpieza. “Es una estupidez” se dijo, y fue a dormir.